11.1.10

oryza

prisionero de... chapoteaba en los arrozales apenitas penas desorbitando la superficie.
¡Mírame a los ojos, dime que no me amas!...
Contrario a desenlaces preconcebidos, él no había quitado la mirada de sus ojos... pero los gritos, eran puro silencio.
Para y por el inicio de lo que amar fue u haya sido, no encuentres dirección; déjate llevar... no quieras que el viejo amor despierte; no te verá con los mismos ojos de niño... y un niño es la criatura más cruenta del instinto cuando le hieren el amor... incluso aquel amor que él mismo a herido.
(shhh... estar en ningún lugar es como hacer del universo una isla)
Damé... ushuu... ushuu...
En la corteza de la más antigua araucaria yace una leyenda escrita desde la tierra alrededor del tronco hasta lo alto del árbol, cubriendo cada rama, mientras en el copioso follaje del mismo, sentado, balanceando los piececitos en el aire cual duende de las flores, pajarito-hombre llora arroces, arrocitos, sembrando una bruma dulce y dolida de pasiones.
Que bajo ese árbol dicen siempre cae un rocío que entibia las narices de los ushuues. Algunos lo atribuyen al pajarito-hombre; otros, soplando latidos, memorias, al suyo cajita-corazón resollando damés migrados en el nombre de un impronunciable--
Libre de ella, libre de él, deambula cual sombra de arcoiris que emerge sin lluvias, un hombre con pajaritos en el estómago, lleno de males, entendiendo por anidar el miedo de hacerse de narices en el ushuu de un brote que, besado en el vacío deande dormía su amor; amor duela y renazca con el tejido de aquello carente de ser abarcado en palabras, tendido en el fin sino de la piel humeante -sin piel- amalgamada en la noche de un terruño sueño, un beso boca... y un olvidarse de cuánto uno ha sido, dejar de ser... libre de sí, de ella, de él... para estarse bajo el árbol, sonreír, acariciar la bruma tan viva como el suelo que los arrozales respiran, y llevarse el último palpitar del que ya no es su corazón ni el de ella... leer las primeras palabras en derredor de la araucaria y asirlas sabias, despacito, una a una antes de desaparecer... antes que desaparezcan...
(shhh... mientras van desapareciendo)
[meruhen]
[canción prosa para el entretener sapos propicientes, adorables viejecitas picaronas, resoplar narices hasta desperezar pañuelos, quedarse hecho pala y enterrar huesitos de pasión en colchón de flores y cenizas]
Tantos finales, que se convertirá en olvido el recordarnos.
Volviéndose sin más rumbo que las huellas de los relámpagos, la dejó vuelta retoño, consigo en sí...
Anidada en el sonrojo de un corazón confeso, llego a los oídos de una victoria el susurro de un ungüento llovido de todo poema que se lava cuando se acercan al pecho las hojas en las que llora escrito.
Vencido por el mullido borde de mis plumas en tu boca callada...
Como si se fueran a encelar los tomates por un par de pajaritos que echan chispas de cuanto anhelo tienen las chispas por ser tomates...
A pardo animal pajarito de sólo dos colmillos, dejole sembrado, ensombrecido, de dejo y dejado, pajarita azabache a lo largo de un tendido de hilos telegráficos.
Queriéndola asir con sus alas, verla, el plumífero manifestó su deseo, mas la susodicha entre plumones accedió de modo ninguno por asuntos más o menos burocráticos de esos que atañen al alma, las firmas y a algún que otro demonio como testigo.
Cuando vencido por el miedo, el amor se cuece hasta resquebrajarse.
Intentando ser comprensivo (cuando en sus cuencas, grutas del despojo, el flagelo, el vapor, deambula admirando con sonrisas tejidas, suturadas, la cresa dormida en los manantiales de su vientre) nuestro pequeño emplumado acató respuesta y pedido, bajo la condición de entablar verbos en pocos días para anidar en las ramitas del otro con el fin de buscar sentires, asientos, sentídotos, que permitiéranles juntos remediar esos plumajes ornitorrincos que empopan los ojos y cabecean las jorobas...
Cuando tullido el beso, el amor a sí mismo se devora.
A veces sucede que la muerte se adelanta. Esto suele acaecer cuando a la muy degollada se le adelanta el reloj contrariamente a los cambios de calendario.
Sucediose pues que el pajarito, al canto del encuentro, amaneció hecho desayuno de algún desquiciado boquifloja devenido en hambre y apocalipsis.
Comunicado a su nido, aves más allegadas y otroras, la cosa de ir piquito a piquito con el pajarito, habíase hecho kaput; la claridad con que la pajarita se lo anunció al último y más interesado de la especie, lo extinguió...
Sépase que los pajaritos hablan kaput como ninguna otra especie.
Desde entonces cada cual migró hacia sus entrañas.
La pajarita cambió de nido durante un verano y el pajarito se perdió vaya a saber el propio pajarito dónde.
Fueron pasando esas horas, días, meses y años que los humanos ciñen por su carencia para leer el cielo...
Cuánta vez que el pajarito sobrevolaba lugares compartidos con la pajarita, sentía que se le tumbaba el pecho hasta vaciársele en una seguidilla de latidos contraídos unos dentro de otros; como si la pajarita a la que le había sido suyo, que había sido suya, estuviese cerca.
El primer interesado en morir para que el amor sufra menos, es su dueño.
Esto de las sensaciones, percepciones y presencias es algo que el pajarito no alcanzó a comprender más allá de los chakras de sus manos. Hay quienes creen que no lo alcanzó a comprender hasta el otoño...
Y llegó el otoño del que penden las sustancias de la ironía.
Lejos de vomitarse plumas y restos de comida, devolverse sin más que simplementes, ciertas ramitas y enseres personales que del otro cada uno se debía.
Uno sin mayores exigencias que el deseo de verse. Otro sin mayores exigencias que demandar se le fueran devueltas sus pertenencias.
(el pajarito en su egoísmo de reemplazar vacío por humo, tabaco, alcohol y sexo, no podía menos que sentirse menos, receloso y porque no, con la voluntad de ser la hoz del pecado que lo condujese tanto más al abismo que ese corroído amor al que seguía aferrándose)
Y llegó el otoño con restos de amor hecho jirones y hurón agarrado con las patitas en el cuello; mordiendo y desgarrando fuerte para no precipitarse con las sacudidas estacionales.
Cuando hurón, ante la duda de si se finge muerto, al amor es mejor rematarlo.
Intentando pues vuelos más, vuelos menos, de no saber ni ser sabido de y por la pajarita, decidió saberla como quien envía una paloma mensajera. Hete aquí la ironía del pajarraco que no tiene sino palomas a la espera.
Que bien, ella contestó sin demora agregando con la sensibilidad que hace de un buitre una noble criatura concebida a su talla, y que: si era posible le dijera el pajarito cuándo podría devolverle sus ramitas...
Irritado, irirritado, despescuezado, poco irritose muy el pajarito puesto que esperaba un desplume de tal eficacia espolónica para la incomunicación que con lo que cual harto el acabose, decidió -polenta consigo en sus plurales- ir hasta los mismos hilos del inicio de estas desventuras carnívoras para apalabrar a la pajarita.
Cuerda al cuello desde la raíz a lo más insospechado de sus hojas... (o arbolito idiota que se cree pájaro)
Pajarito, nervioso y torpe, temblaba cual pichón con alas rotas, como atenebrado, como enamorado, como con pajaritos en la panza... pajarito imbécil... buitre... hurón maldito.
Contraer obligaciones de un contrato ya terminado es de pajaritos no abogados. Conferido y confirmado lugar, apéndice, agujas y minuteros al bigote, aseguró el pajarito con puercoespines perforando su garganta que (a pedido de la pajarita vaya a saber por qué pajarotas razones) no estaría presente en anatomía y que de estar, no iba a estar asomando ni el pico, ni el copete, aún de reiteradas el pajarito su disentimiento para efectuar este ochoso trueque de darydí, ya que esperaba verla al menos una última vez a lo que por última vez la pajarita contestole de modo tal como si fuese él, pardillo de alumbro quebradizo, quien tínia en su sentir algún asunto teñido, pendiente de ironías, irresoluto... (¡salud!)
Mucho a pesar que el pajarito contestó ante eso algo seco y con sonrisa desinteresada que comprendía, que estaba bien, que era cierto, lo mordía; a él -como si él tuviese género- hasta dejarlo sin latir... lo que algunos llaman causas naturales.
La espera ávida de los ungüentos que no alcanzan a enfermar el soñarla; tampoco sanan.
Pensaba aviarmente en los Yaestá el pajarito, caminantes de lo pasado que dejan surcos en los senderos del espíritu recitando las penas de las vidas que no les son propias como si lo fueran, arrojando pétalos de aquellas alegrías que a las penas les fueron y arrojando a la voz de ¡Salud!, todos esos pétalos de flores y sus espinas, en la cara de esas vidas...
“Yaestá yaestá, zambita zamba de su sonrisa ensueño que parda se amerita en el codo umbral de la mía y repica chinche, minuto, encabritada, al hablar por boca, cardíaca, como caramelo de miel pura se gusta mejor si la miel es amarga; si es la anarquía del tango de sus sonrisas.
Prístino, paso el cuerpo donde el monarca de las mariposas deposita su sonrisa desde la copa de un árbol al que le crujen las ramas cuando todo resquemor se funde en el bosquejo de las cortezas que acarician la piel y respiran junto a manos con cuerdas en las muñecas danzando en los desvelos de un contraluz celino; pájara sonrisa para un buda, roce de sexo con ropas interpuestas, patadas en el flanco escotado donde se acovachan las desazones de las esferas por tener al menos un solo rostro, más no sea de luto de hinchados senos llorosos e ignorancia que duerme al espíritu rascando la sien que no, no sé, no es claro, no sé es, claro que, pero percibe el entorno en la absoluta oscuridad de un ombligo sembrado en el beso ajeno; de quién sabe el beso y quién sabe a que sabe el beso, ella y solo el beso lo saben, puesto que nadie puede besar su propio ombligo por mucho que intente ajustarlo en armonía y concordancia con el corde, con la sombra sin figura de un ser desnudo de calamidad, traición y veneno de bondades presupuestas al momento de jalar el gatillo y el equilibrio perdido entre un fondo de botella y una pausa- -
[la mujer que amo de cuando fuiste la mujer que amo]
- -madrugadas de sonrisas; el capricho de nuestro cariño por permanecernos despiertos, respirarnos, reírnos, llorarnos... ¿recuerdas las perlas irregulares?. No hay machito que no las llore sin evocarlas... conteniendo con sus besos el humedecido miedo palpitándole en las fauces de un estrecho pedacho del univercho confinado al germinar de un grano de arroz... sus labios acariciando gentiles los párpados de un corazón invierno, deshojado en las mejillas de su boca, latieron tanto que morir sabiéndose amado... nos hace sernos uno con el bien y el mal... La mujer que amo me duele. En ese último beso que recuerdo no haberle dado, todo acabó.
[remorse]
Porque la he dolido con aquello que amaba y ahora todo yo soy el negro corazón de ese pequeño músculo... si el dolor no entra; sigue empujando.
[no existen los besos a medias]
Una nota pie de carne en puño; soplo mudo y frío, observarla a través de una ventana por una ventana en una habitación cerrada; y que me presientas sin saberme.
Un corazón puede ser el ataúd más pequeño que pueda contenernos. Un cuello que te muerda a orillas de un árbol de arroz, meumarie repetía... Yaestá yaestá, los arroces no crecen el los árboles... pero en ella crecían.
(el amor para una bella pasiflora apasionada)
...una luz loba.
(hasta el cuerpo nota su ausencia)
...pero no te fijes en su pie.
[ella sabe que pienso en el suicidio]
Leía a través de una ventana mientras su doble pecho de temor curvaba la rodilla cuerda de una doble piel poema donde la ecuación del tú se resolverá llorando semillas, sin prisa, hasta que un día, uno cualquiera, florezca pasionaria la dama de sí, de suya, de su y de suyo el amor de sí, con la lectura interrumpida de las palabras que nunca tendremos a las barbas de la pluma y el papel, en ese vació previo a la chispa incriminatoria de la tinta, todo lo que no será escrito y no alcanza a nacer, se consumirá en todos y cada uno de esos instantes; irrepetiblemente hasta que la habilidad de controlar el tiempo negativo oscurezca la marginalidad de ese momento dando muerte a uno de esos instantes...
[a continuación, lo que leerás es uno de sus cadáveres...]
Sin ti, amor; me curas...”
[la mujer que ya no eres; que ya no amo]
Citando poética y no muy textualmente los sonidos de la pajarita, sabía el pajarito que ella tenía las razones fundadas en las rimas de algún Yaestá que aprende a hablar y esas son sin dejar de serlo nunca, sus pocas últimas palabras.
En la incertidumbre de esos seres diminutos que salen de la boca con aguijones, lo cierto es que el pajarito sentía -sin mucha lógica- algo pendulando en la sinuosidad de su entrecejo; le apenó que ella silbando pétalos, no reparase en ella... y haciéndose bollito fue repitiéndose, repitiéndola para sus adentros: Yaestá... yaestá... yapasó.
Y cualquier día llegó...
El otoño contra la pared, no era capaz de sostener el lomo del pajarito que se desmenuzaba hermosamente.
Todo lo que tenía que suceder, sucedió como había sido pactado. La pajarita fue en busca de sus ramitas. El pajarito sólo alcanzó a verle el bies de sus espaldas, pero sólo eso bastó para que el corazón se le muriera adentro y, dentro, así muerto, latiera con furia. Una furia sutil, ardiente, que lloraba una vida para el pajarito ajena.
Quería irse lejos muy lejos; tal vez con ella, pero no. El pajarito no lo puede asegurar bien ya que se perdió de sí mismo en ese instante. Estuvo y no estuvo ahí...
Si una vida deja de estar súbitamente mientras la vemos; sí, es un fantasma.
¿Y entonces qué?...
Tanta insistencia con el resolver y revólveres a punta de la devolución de las ramitancias pertinentes que, extrañamente, aunque no tan extraño como inflar los ganglios con bichos no más largos que un minuto, fue la mismísima pajarita que dispusiera el intercambio, quien olvidó llevar la única ramita que del pajarito en su poder tenía... ¿extraño no?. No tanto como los bichitos-minuto cuando se hacen hora en punto de porrazo alrededor de la laringe para convertirse en Cof Cofs.
(hay para quienes es lo más normal del mundo dentro de lo extraño)
Con una saeta de fuego negro, puso el pajarito al tanto del hecho, a lo que la pajarita habiendo pedido mil disculpas no más que una vez de novecientas noventa y nueve, contestó que en las siguientes veinticuatro o cuarenta y ocho horas (los pájaros no escriben cifras) lo llevaría a la misma hora y lugar sin falta, pero nada mencionó acerca de la presencia u ausencia del pajarito ni este hizo alusión a esto último. Sin embargo ámparose en la creencia del tácito presupuesto por el cual se adscribe que: “Para las partes contratantes rigen las mismas normas del primer contrato que entre ambas se haya celebrado”, suponiendo así que para la pajarita debía manejarse el asunto bajo la misma normativa con la que se operó en el comienzo.
Por ello éste no hizo caso omiso al respecto, decidiendo pues que llegada la hora-bicho de ambos días posibles (no abordaremos las penumbras de un bicho-hora al eclosionar en día porque no hay relojería que soporte tales presiones de escarabajos adentrados en deseos de hidalguía antigua), emplearía la más dúctil de sus artes; no se aparecería. Con esto evitaría de ese modo inconmociones, incomodidades... y el evitar.
Aún lejos de ser un espectáculo, cuando el amor es un asiento, tanto mejor si está en primera fila.
Y llegó el día (pese a no darse ni en veinticuatro ni en cuarenta y ocho horas, la teoría -poco sustentada- explica que a ciertos días les place repetirse; cosa del hacer provecho dicen quienes barajan estas ideas con tenedor y cuchillo en mano correteando escarabajos día para engullirlos con sus ganglios faltos de bichitos tiempo para los quehaceres de su vida).
Horas pasaron pies que pasaron bocas, rostros, voces, que pasaron rodillas sobre muslos, codos, hombros que boquearon en los labios, se rasgaron en las comisuras se hicieron mueca, sonrisa, deshecho, paso, vértebra en un orificio bucal osificado, esperando y así esperando, así laboriosa y pespuntantemente, continuó solo en su ritual el timbre, señalando con su pezón la llegada de alguien y alguien más que pasaba mientras seguía paciente aguardando la llegada de alguien más, más no fuera llegase una hora con pies pasando hasta lo inesperado... lo inesperado (ese llega siempre sin aviso).
En la cabeza del pajarito debía tratarse de un polluelo. Quien debía abrir la puerta, había ido a servir semillas e infusiones de gusanos a otras crías antes de ir a acicalarse un poco el plumaje. Doña Envenida en Plumeros, patrona de canarios y aves de menor tamaño, quiere a veces que la querencia se haga pasto en el sollozo de la tierra. Dice ella que al soñarnos bajo el rocío las tormentas que nos acosan, nos acechan, siguen siendo tormentas, pero mansas a nuestros designios.
Loca de amor, la divinidad que pierde control sobre su sentir a lo terreno, se vuelve humana... por eso somos un poco dios.
Fue pues el pajarito quien dirigiose a la puerta y... algo en el pecho se le hizo giro y... al girar la manija algo en su pecho se hizo pestillo y... algo se abrió de golpe en los ojos de ese ensombrecido vacío desde donde parpadeaba el que había sido su corazón y... en su corazón... no el suyo... no sabemos bien... la pajarita se sorprendió.
Mientras en un tanto más que una fracción del primer recuerdo que el pajarito tenía de ella, el pajarito mismo sintiose resucitar tantas veces en ese instante, que se sonrió de estar vivo para estar ahí en ese momento y recordarlo abrazándose a su propia muerte... en los ojos de ella.
(y la muerte al ver a uno de los dos de mejor semblante, resolvió quedarse para acompañarlo un rato más hasta el fin de sus días)
[la eternidad es un problema cuando la muerte te abandona]
Se saludaron como suelen hacerlo las aves entre hielos, entre los romanos, entre túneles que hasta ese punto suelen ser desconocidos, agitando un poco la tensión de los hombros de sus dedos, hinchando el esternón para sus adentros, apagando pluma por pluma toda luz, calor y barro de sus nidos, hablando un poco a lo bobo-pájaro de la situación que los tenía entre perplejos, moribundos y escurriendo tenebrosas pulpas vivas de las yemas de sus extremidades...
[la eternidad a veces es tan corta]
Ganas de querer, de platicar un poco sin medida, sólo un poco más con ella, tuvo no y tuvo. La presintió aliviada, tal vez una sensación de tormento que no era tal; tal vez algo que pululaba como una sombra temerosa en su corazón... que lentamente se fue soplando.
Ella estaba bellísima; casi humana. El estaba desalineado; como casi siempre.
[los dichos del pajarito entiéndanse tajantes y literales como cuando se sacude uno la cola al encapricharse]
Hablaron de escenarios del hogar y se despidieron con una espera cuyo entre durante de llegar, el pajarito preguntó si es que había leído unas notas, unos recortes, pedacitos del alma en líneas de tinta a puño para ella, a lo que respondió que...
Desplumado de ternura y gotitas de un llanto dulce que le recorría por dentro, el pajarito no obtuvo otra respuesta más que esa. Igual respuesta a la que tuvo un día antes llorando por afuera de sus ojitos como llorando las patadas de una vida recién nacida que le estaba nutriendo en un abrazo tibio.
Se había ido; para siempre. Y el condenado pajarito que en todo ese precioso momento seguía perdido desde el primer momento que la muerte tapó sus ojos... y él, torpe, juguetón, inocente, intentando adivinarla.
Hace ya tantas lunas de estas desventuras que en las más inusuales confesiones, el pajarito de cuando en cuando recordaba una última pieza que aún restaba bajo la promesa de ser escrita, pero de ocurrir si es que ocurre, entre músicas de ramas y cantos, será un final posible o no será ningún final se diría (o se diría que así se dijo el pajarito). Y claro está, no como las terminaciones bruscas y mamíferas como el de estas historias pergeñadas y aburridamente predecibles.
Maldito Shakespeare, pensaría en la bruma el pajarito mucho después de haberla... En el encuentro de los amantes... imbécil.
[saber a un amor desconocido y sin sabor, es saber también que en uno algo ha perecido]
...de haberla dejado en blanco.
[la mordida más pura de un escritor]
Si bueno, si malo, es algo eso que acontece cuando una pajarita menos lo espere y cuando un pajarito a mucho de volver de dónde anda disfrutando estar perdido, regrese, habiéndose hecho tomates de los propios retazos de las plumas de su infantil y sereno corazón que, capaz de destilar la pieza más brutal de las tripas de su precipicio... las hace parte de su.
[con la paciencia de cosechar arroz grano por grano; ¿cuánto puedes ver dentro de ti antes de concluir el recorrido?]
En lo sombrío de una sonrisa, el pajarito hombre arbolece.
No quiero dormir, no quiero despertar... no quiero dónde.
Noches de llantos pechos y requiebros perlas, parpadeando de ella llenidos y con un miedo bestial que mastica el sinrazón... que me amara.
[tú en tu solo botón pétalo]
Curiosa heredera, dirás que el karma no es cosa de lobos.
Una lágrima niña recorriendo la mejilla de una lágrima meditabunda, anárquica; no se resiste.
Simplemente quiere no caer hasta echar alas.
Curiosa heredera;
mi dedo en el medio arco de la hendidura contracorde y fruta con botón de vino, en los corales de sus leches.
Cuando el amor es como palmear un cubo de brisas de rocío, hazte de las agüitas en las que te mezcas;
que para echarle sal a la herida, si no quema, tu carne es dulce o usaste azúcares.
¿Puedes culparla?.
En sus ojos el horror de ningún amanecer después de mañana... juntos... la alivia.
Duele menos de lo que mi corazón podría.
Podría...
La esencia de un ser violento. No un monstruo.
Y aún podría...
(no estoy loco... no lo estoy)
¿Importaría si te lastimara?.
¿Me importaría?.
(¿piensas que me molestaría en responder a eso cuando conoces la respuesta?)
(piensas demasiado)
El pulso del lado brillante de una nota con la forma de una sola lágrima;
el corazón negro de una perla que veré nunca ensordecer en tu voz.
El sombrío fin de una almohada oscura, se ilumina.
No estar ahí, y ahora...
ahora desatados, nos volvemos mareas.
Abrazando memorias enterradas, ella se hace mudanza de capullo.
Ser las cenizas sobre las que se reposa.
(el amor, prevalece)
En cualquier geometría capaz de hacer y deshacer la vida de sonrisas pena y llantos alegría.
Con los ojos piel, bordarnos para no vernos, soñar.
[felicidad]
Recibirla con los brazos abiertos al llegar... aunque se trate de la partida.
Así es como se deja de quererte nunca y sin saberlo, amor.
Que cuando sean tus pasos tristes, te halles al viento de un susurro erke entre los araucarios mantos de un traer abrigo de las últimas palabras originarias al daté de tus ushuues... y tus pájaros.
chapotea, desnudos los pies, en los arrozales... libre de.

12.6.08

sperma kurofuku

“Protégelos, oh padre, mas tenles ninguna piedad.
Pedestres, salvadores de sus propias almas son y serán cada quien;
protégelas, oh padre, excepto a aquellas cuya naturaleza por defecto de su fé
tienen serenidad y son el punto ciego de su propia virtud,
la mejilla moldeada a imagen de la faz interna de un puño sosteniendo la vara que la golpea.
sostén sus lágrimas, oh padre, con los sedales que destila tu otra mano,
tendida como una lluvia que apacigua, contiene, rebalsa;
anzuelos.
Permite se mantengan cerca los unos de los otros, aún a la distancia, aún más allá del tiempo, oh padre,
para que se sepan juntos al final del camino ya durante la travesía inevitable por esta vida,
la que vida ajena que recorrerán vertebralmente,
podría devolverlos, podría devorarlos;
podría hacer que no sean quienes entraron.
Cuídalos, oh padre, por cada día que te he rechazado, que nada de ti he sabido,
como tu único hijo; aquél que te ha abortado, gemido y sangrado, oh padre.
ruega que no sea yo quien esté al final del camino para desmembrarlos;
intenta, oh padre, que comprendan es su espíritu el que está en juego…
Que aquí empieza a concluir lo que se hubo iniciado.
Aquí; donde ninguna plegaria se mujer u hombre.
Vela de mi por ellos, que no es el mal a lo que deben estar atentos.
Bajo esta hora, oh padre, sobre todo tu; protégete de entre todos ellos.
el hambre de la niña vampira de un hombre, inocente, curiosa,
puede remorder hasta quebrar los huesos.
Un sello roto que no debes tomar ligeramente, como una mera oración.
Reza por aquello que ames y abrázalo;
por sobre ese amor te arrancará hasta despedazarlo.
Extraerá la oscuridad médula del corazón que el corazón no tiene.
Ruega, oh padre, para que el resultado inesperado regurgite entre el sonido de la palabra
hasta hacerse tumba en sus estómagos de mariposa,
pupa de un impulso tendencioso, casi balsámico.
Releer como un acto para purgar la vida;
quitarla.
Dejar algo de la suya para salvar la tuya, la mía, oh padre,
en la ironía de los anillos de bruma.
Déjalos renacer tantas veces quieran, oh padre.
Esto acaba aquí.
El que quiera seguir, que así lo haga.
Yo estaré a su lado;
o encima…
…para dar con la guadaña el picotazo.
Sanando también el dolor se hace más fuerte, oh padre.
Tanto que tal vez, no sea aconsejable despojarse de aquello que se nos será arrebatado.
Lo siento, oh padre;
perdona las acciones que este manojo de criatura,
con gusto irá removiendo entre los vendajes,
sólo para que las heridas respiren.
Porque cada uno de ellos, oh padre, se convertirá en su herida;
y si no es él, no serás tu quien los cargue en sus espaldas.
Aprende; que aún no es tarde.
Confía.
No caerás;
…pero tampoco te sueltes.”
[reposa en la comodidad de tu anatomía, busca el peldaño más alto de tus escaleras; desciende conforme sientas te hundes e inundas en los azarares de las moles de lo impronunciable; por el pasillo final del recorrido, las encontrarás dirimiendo… no te detengas]
Con la mano bífida cortada (por entre índices y anulares) en posición de escuerzo, abanico entrecerrado, caligrafía moribunda, airear el alma por esos agujeritos porosos y fétidos que vomitan semillitas de pelo y grasa, que derraman piel con la experticia que la piel adquiere para punzar desde dentro palpitando coágulos negruzcos, tolerar temperaturas infrahumanas y beberse entre los vapores su propia sangre hasta bullirla burbujeante con una inexplicable mueca labial…
Que no; que no es así como se depura o se libera uno de uno o de nadie… o nadie de uno o de alguien.
Así es como se alimentan las colonias de hormigas que habitan en tu baño, en tu cuerpo.
Sin embargo no alcanza. Hace falta más.
¿Por qué razón habría alguien de provocarse dolor físico?. Podría ser porque para llegar al dolor del espíritu hace falta enterrarse mucho muy profundo entre tejidos, fibras, nervios, huesos, ir destrozándolos en el camino; pero aún en ese estado de fragilidad, la esencia podría permanecer inquebrantable. Sobretodo, para quien tenga una médula espinal para los umbrales del sufrimiento… o una espina bífida.
¿Para qué provocarlo entonces?. Por placer, por que sí. En ese orden específico.
(para recordar lo cruel que es el corazón)
Ha sido él -a disgusto de la intención que tuviera de no serlo- el verdugo de una flor. Estrangulada en los filos de las palabras; una sangre tanto más humana que una moribunda caricia la envenenó.
Decirle a quien amas cómo tu mente funciona y discierne gestada en el infierno es… decirle que tienes la habilidad para destruirlo si quisieras; si fueses alguien más con esa voluntad…
[¿es eso suficiente para que sepa que no debe temer, temerte?]
Abrirte al dolor de serte en esencia sabida, sabido, puede convertirte en algo letal. Y algo es en esencia aquello que de tu propia humanidad se nutre para carecer de ella y florecer en las aguas subterráneas de una penumbra que se retuerce en la ingesta y llora elevando todo rastrojo de su densa oscuridad a esa hendidura abierta para supurarse purulenta en derredor de los labios que besas como bebiendo de un manantial… la tierra de tu región cadavérica. En los corazones palmares yace el terror de la caricia mortífera.
Cuando te expandes más allá de tus límites, vives; corriendo el riesgo de aniquilar con tu propia vida todo lo que te rodea tal y como lo conocías; tal y como se te conocía…
No lo intentes.
Para entonces no podrás volver a cerrarte y te transformarás en lo inimaginable.
Intolerable a los ojos, el cuerpo, el alma, crearás la concepción de un vástago ajeno, una entidad informe para el regocijo de lo despiadado; de las despedidas.
(y te relames entre sonrojos)
…al menos es un inicio.
¿Con qué mano asir el filo?. ¿La mano hábil o inhábil?. ¿Con cuánta fuerza?.
Así es como un espíritu quiébrase a sí para deshacer la materia que lo gobierna… trazando surcos, en su osamenta, accionando los vestigios de su paladar, extendiendo las muñecas para ahorcarlas con hilos de marioneta.
Testa con el cuidado que su víctima merece…
Castigo castígote castigo de por mis errores por los que me castigas cuando también son tus errores…
la vibración de un glande sucio, relamido por el alcohol de una boca a poco dentada, enmohecida, a poco rancia y femenina en el albor de una escuálida primavera empañada con los estertores de las raíces terrenales que en sujetar se empecinan hasta con la sangre… no es la locura lo que aborda este deseo del no ser, sino la graciosa sensación de ser el mismo hombre que me está cogiendo.
(…y gozarlo)
¿Creerías que vomito estos trazos mientras escupo hacia adentro sorbos de café con galletas de chocolate?.
¿Creerías que tengo el rostro roto contra el suelo mientras la penetración me tensa y fisura?.
¿Creerías que siento tu presencia en lo que aún es un corazón, aunque no te vea?. Para latirme te falta mucho más corazón del que en este momento te late y suena a puertas de un resoplo que quiere callar agitado. Agitado e inmóvil me sostengo boca abajo sudando contra mi propia exudación; si tuviese el miedo que me tienes me haría el amor necrosando cada uno de mis tejidos… deja de mirar la palidez de ese culo tembloroso sin sonreír… sonríe… puedes ser esa figura cálida y paternal rozando sus genitales contra su hijo… puedes, sé que puedes… ¿por qué lloras?.
Como esas lágrimas ayer emergió una hormiga de su espalda. Se está convirtiendo en arena. Te estás convirtiendo en testigo y sal. Sal de aquí mientras puedas. Esta no es una advertencia ni un juego de la flora carnívora que endulza la somnolencia de tus muecas sordas. Huye mientras puedas. Que te vayas… ¡Vete!... maldita y endiablada alma presurosa. Seguirás el vacío de tu propio y único fin. Aquí no quedan finalidades posibles. Cuando quieres puedes ser obstinadamente despreciable… aprendes rápido, pero lo lamentarás.
Harás una infusión de temblores cuando lleguen; las manos se te anudarán. Desearás se te rompan cada una de las falanges por hallar el cuenco de una aridez a la que no le queda ni pizca de piel, ni un gramo de carne para diluir… lo primero que se pierden son los ojos.
Ya no tengo lágrimas.
…pero no la vista.
Abranse las bocanadas blancas de este espectro hasta impregnarse de tus falencias… carente, uno se dilata para hacerse abismo en la boca de su pecho, de tus pechos; entenderás que no era una simple advertencia, sino también una amenaza… una parte de ti perecerá al final de toda esperanza que esperes encontrar sobre la mesa de las cuatro misericordias…
Imagina a cada una vertiéndose sobre los hombros de la humanidad. Imagina su fluir corrosivo refulgiendo como el latido de un reflejo oscuro que brota en un óseo relámpago que serra, tritura y arranca… serás un pesado soplo de agonía… seré el polvo que quede en tus besos compasivos y resecos cuando quede ninguna lágrima tibia en tu corazón… la música de un arpa que revive fallida en un puño cerrado.
Golpearte dónde menos esperas y más te duele… te golpearé en ella.
Abrasión penal de una nota náufraga en los estrechos de la soledad y el delirio.
No me salves.
Amar después de haber herido. Herir después de haber herido…
¿Quién merece ser amado?. ¿Qué diferencia hace?. ¿Qué diferencia hago con una prostituta?.
El ano violado se inflama sanguinolento.
…soy mi puta.
(deslenguada)
Torcerla; torcerlo hasta el sonido donde el arpa desafina… pero sólo soy un espíritu… un niño.
Te mataré, padre. Sin importar el riesgo de hacerme humo con la pulsión de una virtud de ti heredada; te mataré.
Reconstruir a madre tomando como modelo cada una de sus costillas… grita como la vida misma que deja de nacer… el paraíso.
Deglutir las uvas de tus desgracias con caldos de uñas, piel y ácidos. Brindar a tu provecho. Potaje de diamante para diseccionar la abominación tripa de un infante diabólico babeando, bebiendo de las sopas de las uvas, carcomiendo dentro la gracia, la ira, el principio, engendro de todo bien a bien tener… a su anfitrión innato… irrespirable… excretado... como las plumas de un angélico feto… velo comerlo con sus jugos.
Hay que acabar con ese niño antes que las espinas copulen y resurjan. Antes del bocado final; acaba, acaba de llenar a ese quebradizo hombre con sus propios colmillos; acábale adentro. Tenle ninguna…
Tal y como quien con una hoja de afeitar corta sus comisuras para ganar el aprecio de sus amistades con la más franca y cruda de las sonrisas… la estigmatizada sin suturas en las mejillas… la que contenta confía: “ya no podrán decir que estoy triste…”
El estomago del alma divide, discierne entre el punto de la aguja, su ojo y el hilo. Sin embargo el niño, perverso, dedal de los avatares y asaltos contra natura, se cose firme a la capa interna, no cede a las arcadas y se atraganta con las garras del potaje de uvas; vomita sobre sí y el nauseabundo espanto que me abunda; este cuerpo del cual deshacerme deshago… Su mano, mi mano, en el esófago no alcanza; no alcanza la garganta del condenado vástago. Es apenas una escuálida traquea cubierta de mucosa resbaladiza imposible de apresar siquiera con los anzuelos de los dedos. Y ríe aberrante con su cráneo calcáreo, afirmado en cada pared, inflamando la laringe… pobre diablo… trepanarlo con las costillas de madre era lo que menos esperaba; con la sangre de su sangre… otra nueva sonrisa bajo las quijadas; la suya y la mía… bastardo.
Hablas de ellas como si las conocieras. Aún no comprendes que son ellas, que han sido ellas y serán ellas…
No te tendrán… ninguna de ellas.
Se lavan para sentarse a la mesa.
Cada una enfrentada a la otra, las cuatro misericordias, dueñas de la invención del sacrificio, desencadenan, desenredan los subterfugios complejos de lo no vivo con quirúrgica precisión cuando la carne rechaza desprenderse de su aliento; simplifican la ecuación al dilema de escoger dónde pujar la perversión sin alterar las costuras originales que la ligan a cada organismo, hasta corromperlo con la pureza que les es característica… dejar cada herida marcada, abierta y limpia para impedir efervezcan a destiempo huevos parásitos que incuben pasiones, uvas y nuevos caldos.
Su disciplina es encomiable. Su apetito, tenebroso.
Aplauden la destreza de esa carne morbosa, cultivada con navajas y estrangulamiento a conciencia de alejarla del infortunio de uno mismo tantas veces se pueda desgarrar las espaldas a golpe, contra golpe y contra los huesos… escuchar el chispazo de los nudillos contra las vértebras y sus flancos… un zumbido seguido de un prolongado y seco estallido hueco que obliga a temblar un quejido lento, tibio e inexpresivo… que no deja de verter carne de este hediondo espíritu cubierto de orina y semen...
Derramadas, dialogan aspaventando sus cuatro brazos desapaciblemente, pero con delicadeza; inmutando sus desabridas bocas ante el espectáculo que se les ofrece como un banquete… te saben cerca…
…¿acaso no se te advirtió no detenerte?.
Nutrida experticia de las hambres. Coronada de pequeñas rosas descoloridas, cubriendo en vano una parte de su rostro totalmente perdido, Miser Eva Absentia observa con atención cada gesto inanimado, flotante, emitido por las otras. Docta en la menor de las artes y primera en aprender a utilizar correctamente los cubiertos durante las comidas, durante las cacerías; durante los juegos, es la responsable de comunicar a las demás las decisiones de la más joven… Enfrentada a sus izquierdas, Miser Eco Iridiscente, la única capaz de atisbar el ojo subyacente en ese velo de nada absoluta que su hermana guarda para devorar, es la entendida como la más benevolente de todas, siendo pues la favorita a la hora de los presentes… su habilidad para hacer cajas con seres vivos, el detallismo finísimo y meticuloso de sus diseños, su criterio y sentido estético resalta la admiración y elogios de sus hermanas, sobre todo llegadas fechas que acontecen regalos de tales naturalezas, que despiertan la emoción y estrépito en la más joven… Miser Obscuro Despótica, la mayor de las cuatro, la incomprendida al decir de Eco y Eva, por ser la que menos males profesa. Viuda y sin un brazo, no aprecia la vida más que las otras. Mantiene el decoro de las sutilezas en su propio pecho… con una sutura del mentón a su vulva; recuerdo de infancia, cuando Miser Eco convenció su inocencia materna, de convertirla junto con la cría que engendraba, en un alhajero musical con una diminuta caja secreta dentro… la pérdida del brazo ocurrió por confusión e ira, la misma fecha en que Miser Eva perdió la mitad de su cara… inquebrantables, fueron masticados por la displicente y juguetona rabia de la más joven… Miser Lirio Caprichosa -cariñosamente llamada Miser Abisal- no lamenta haberla abierto para engullir el engendro de Miser Obscura… no se lamenta puesto que no alcanzó a tragarlo; después de todo no es carnívora… Cómo padecer pues, aquello le es divertido para aligerar la regurgitación del sabor con un tránsito coagulado de una sangre más o menos acuosa que la espuma de su lengua…
Una lluvia floresció del cadaver de la criatura y no acabó hasta lavar el más mínimo vestigio de lo sucedido… el olvido y el recuerdo.
Pálidas, todas salvo la desfigurada, tienen las mismas facciones. Ataviadas con zapatos de marfil negro de taco alto con el interior forrado en piel, todas se hallan en el desequilibrio que una infame e insignificante masa verbal les trae sin más remordimientos ni espanto, que el ser tomada para que las penas de sus hervores supuren y callen.
“¡Duraznos!... ¿Acaso viene?... Sí… ¡Un regalo, un regalo, un regalo!, ¡Mío, mío, mío, mío, mío!...”
[envuelto en una niebla roja…]
El macabro acto de postrar al amor para apuñalarlo con amor.
Lejos de estar consternadas, la atmósfera, envuelta de una arsénica densidad no evitó que los cálidos latigazos sobre la tabla de la mesa, hiciesen saltar las copas asincrónicamente y, a cada nuevo golpe, ascenderlas empujadas por una fuerza inversamente proporcional a la que genera el danzar de un pétalo desprendido del último árbol donde descansó el último buda...
“¡Jamás ponderaré la afrenta que semejante atrocidad supone ante mi sólo ojo!... ¡No es posible llegar hasta aquí con tal solicitud. Es una falta de respeto!... ¡Quiero jugar con él!... ¡Ni siquiera tiene un gramo de masa de la cual hacer un mísero envoltorio!...”
Aquí el silencio se apoderó de cada una… las copas y el líquido desparramado por encima de sus cabezas quedaron inmóviles.
Sabido es que ninguna de ellas resuelve el destino de alguien. Simplemente esbozan, conjeturan sobre los actos. No dictan, ni sentencian; obedecen a su instinto. Operan sin el extravío del engaño.
“Su atención por favor… Un día no hace mucho, al aroma turgente de las estaciones -como la misma cepa del pecho de una mujer- que manaba y se percibía en el aire, un pequeño bebé nacía entre la escarcha y el acero mordido; y no… Pronto , su madre lo arrojaría contra las vías, directo a las fauces del luminoso gusano carroñero de huesos, triturador de almas desesperadas.
Les presento el primer cadáver de la materia. Si después de este, desisten en ver otro, escojan otra disciplina. Esa fue la bienvenida de Miser Mater Forense… y si lo recuerdan, la mujer no escapó. Fue hallada entre el penúltimo y el último vagón del tren. Su cabeza quedó intacta y con las pupilas petrificadas de horror… la mano de su niño se extendía como queriendo salvarla…”
Miser Lirio encantada, reía por lo bajo, contenida; guardaba aquella manecita en un frasquito. Las demás mientras tanto reflexionaban sobre la presencia inesperada…
“¿Y si hubiese que poner coto a los arrebatos con que los hombres resuelven sus diferencias?... Es simple; incendiamos cada pastura, cada parte de aquello que brinde esperanza… ¿Eso acabaría con su espíritu?... No, ciertamente que no… De eso puede encargarse la pequeña, ¿Verdad, Lirio?... Lirio espumosa con macabra caricia hará hendiduras en los hombrecitos sí, sí, sí, la la la la lá… ¿Y qué haremos con este caso?... Es excepcional… Es inaudible… Y late con el deseo de ser afrentado por simples aprendices cuando con la maestría de sus torsiones, traspasó una estaca de lado a lado dejando intacto su corazón… ¡Quiero morder ese corazón!... ¿Cómo hemos podido descuidar nuestra labor dejando que un mortal se abominara producto de un sentimiento hecho a su medida hembra y cadena?... A lo mejor sufre de imbecilidad… Quiero probar su corazón… Quiero que deje de mirarme fijo a lo profundo de mi ojo ausente; me atemoriza. Que deje de mirarme o reviviré cada pulsión de esa mujer en su esencia hasta consumirlo… ¿Por qué se arrastra?... ¿Por qué sonríe?... ¡Quiere jugar!, jí, jí, jí… Quiere curar de esas pasiones; recordar para doler… ¡La… le… la… le… la… le!... La buena predisposición de dejarse -con una sonrisa- al final para ceder el paso… Siempre al final… Me asusta que aún… Aún no… Me siento mareada… Aún no que no he empezado a jugar la maldita bastarda… ¡Miser Lirio!... Hermoso bastardo, bueno… Nada de nada, no me agradan esos modales… ¡No me molestes!... Entonces compórtate… Las costuras me están ahorcando; creo que voy a desmayarme… ¿Cómo apiadarnos de sostener su cabeza si no ha objetado?... ¡No importa, no importa!, desprendámosla de sus restos, desprendámosla, ¿sí, sí, sí?... ¡Hidras!, ¡Obscena!... No haremos nada de eso; ¿si llega a ser contagioso?... ¿Si llega a ser el último de su raza?... Testamentos, este ser no tiene raza; eligió su desolación… No, no, sujetémoslo a la cuestión de hacerle perder lo que le queda súbitamente subido de bocas por las encías, al nidito velorio de sus pajaritos; o si no, si se prefiere, maniatarlo con fuerza hasta cortarle la circulación para darle propicio color de ciruelas, pero no su sabor... Un corazón sin hombre no es un entretenimiento lúdico… Súmese a este laberinto el amor cuando no deja de ser y estrangula entre lágrimas secas recogidas con los dedos en la mejilla… No me hace ninguna gracia y lo sabes… Y entonces, ¿qué haremos?... Le sonreiremos por darnos y quitarnos ese pedazo de muerte y de vida que para nadie más seremos... ¿Entonces somos parte de su juego?... Cuando hay un sentimiento de rechazo hacia uno; uno, no puede precaver sentir que ese alguien lo odia… ¿Convertirse en ese amor intacto para aborrecerse?... Exacto…”
Mudas de nuevo ante el delicioso flagelo que se atrevía a tallar con espeluznante exquisitez que la hermosura del patio de un primer piso -pensando en el vértigo de los escalones más altos- se aprecia envidiable desde la baranda de un sexto una noche cualquiera -no el piso- para una caída libre entre las polutas de un inacabado cigarrillo... “Con suerte parte de su cabeza podría quedar dentro del macetón...”
Es lo que estás pensando. “Ojos de araña… Hiela mucho, pero huele a miel, rocío y jacintos; no debiera no más que oler a moscas… Atrapadas en la tela… ¡Tengo miedo!... No está sano aquí como para acobardarse… No, no es cobardía; halló algo más efectivo e inagotable… Evo… Además, para que la cabeza quede perfectamente situada en el macetón, deberán tomarse en cuenta las corrientes, la resistencia del peso en el aire y la aceleración... ¡A lo mejor rebotaría!... De todas formas su mente está abierta… ¡Me está doliendo!... Duela… ¡Duele mucho!, ¡Haz que se detenga!... No puedo; ninguna puede… ¿Ni siquiera?... Tampoco… No puede haber algo peor… El hachazo hiriente de su afilada caricia maleficio... ¿Desde cuándo te permites pensar de ese modo?, ¿De verás crees eso?; de todo esto, lo más espinal y crucificado, es nada de lo que hemos hablado, salvo considerar que hay un límite descarnado para salir ileso…”
Te están mirando como a una llave, y se te advirtió que no te detuvieras.
“¿Te ha satisfecho hasta aquí el recorrido?... ¿No tienes ganas de seguir jugando?... ¿Te sientes con energías para dar ese último paso?... ¡Volverás arriba, volverás arriba, volverás arriba, volverás arriba!... ¿Crees que hasta aquí, has enfrentado lo peor?... El último peldaño… ¡Subirás, subirás, subirás!, ¡Cómo un angelito subirás!... ¿Pese a todo sigues sin creer?... No diremos entonces más de lo que su espíritu miserere desgarra por sobre ti como un obsequio, para abrazarte con su plegaria y que esta no te amamante desmembrada con la ternura de sus acordes, de nosotras…”
[…aún no me he perdonado]




Kurofuku: (Jap.) Traje negro; ropas de luto.
Sperma: Del griego σπερμα (sperma, “semilla”).
Evo: (Teol.) Duración de las cosas eternas. // (Poét.) Duración de tiempo interminable.

10.5.08

semilla

¿Cuán desierto sientes tu cuerpo cuando no estoy cerca?, preguntó recorriendo su hombro en forma ascendente dando pequeños pasos con sus dedos índice y mayor de la mano derecha.

El universo de un muslo que tiembla involuntario.
Negro corazón sandía en semillar de cosmos vela por el lado más frágil de la hostilidad.
[su sacro florecido; contenido por el estrangulamiento de sus manos]
Mientras corra como agüita de piedra a la boca cielo de su passiflor anatomía, beso líquido que aterciopelado precipite de su sueño, habrá esperanza…
…fixed karma in the transition of a pearl to become a pearl.
A lemon for a buddha.
A dream for a tree.
(continue)
Mermelade.

El porvenir de un autor insolente.
[6 am]
Amor,
Cuando a un hombre tocas su corazón a esas horas desorientadas;
ese amor que no sabías amor, Amor,
está que se engulle para emerger en un amor de esos, Amor,
que sin querer nos convierte en algo más y a uno de los dos,
en mujer.
[6am]
El devenir de la insolencia con autor.

En el octavo anillo de su pasión reposarle como una esquina de nidos epífitas.
celestial, en su garganta la cicatriz de mi beso; bajo mis labios la cicatriz de su seno, me besa.

Si ya supieras se me jicanizó tartamudo joaquinito corazón-madriguera entre los dientes de las agujas de un tásoyendo revuelto en preguntas infantes, chavelas, en tanto ladelapellido parrandea a esponsalías de selene pos sabuasea no como consecuencia, sino por adelanto de los giros de las manecillas del reloj que no quiere tenderle el tiempo a ningún nadie.
…así termina de escribir con la letra que comienza.

Periespanzar de notorias notaciones muustrañas en la percusiva idiosincrasia de un pequeñito ser que será pequeñito libro cuando ser árbol quisiera ser de alba chorisia hijo y madre de un vientre concebido en las manos tibias sobre una cadera que da pataditas con él adentro…

Detritorio bosquejido de un monigote sin su media naranja para ser mostacho.
Idealisias para grieguita degustadora con aires de alas retraídas, protegiendo el núcleo de su misma tierra hecha sangre, bajo promesa vocablo de asteroidea esencial figura de colorear sonrisas so pena de ser devorado en la ira de sus ojitos acompasada con la melodía de un organito ciego al que orguguita hace girar su manivela con todas y cada una de sus patipieses, salvo las dos con que se apoya que hacen las veces de manos.
Un crayón puede ser la quintaesencia del mamarracho para el más adiestrado de los impresionistas… si no es impresionable, no es alguien a quien la lluvia le sea algo tan personal como para llevarla dentro de un bolsillo dejando de cuando en cuando asome su nariz con la marsupial curiosidad de un juego.
Si hace fuerza, mucha fuerza, un día la lluvia puede desnudarse y transformarse en la quintaesencia de un oriente, prendado en las purezas de una mujer tallada en las mudas de esa misma mujer que abriga sus dedos de lluvia dentro del bolsillo del diestro despistado que camina dejando pasos de crayón y primavera mientras se impregna de un perfume piel.
[despertar de un rocío otoñal en el tercer círculo del segundo terceto en tres a un año de un querer cadáver]
[cuando el amor huele a un distar extranjero, permaneces medular a la espera de un final feliz]
[pero nunca permaneces cerca]

Sólo entonces la mano del despistado encuentra la lluvia…

Oblóngase el espacio cerrado en el que nos hallamos. Contiene el jugo de tus respiraciones; sopla hacia adentro las gotas de tus dedos. Vomita hielo (bien picado para que astille mejor las lágrimas aún no nacidas en los ojos). Espárcelas para que crezcan; todas y cada una de tus lloviznas.
Espero fantasmas, jinetes incorpóreos dios sabe hasta dónde en carne merecidos.
Flagelado busca palomas… es el más mediocre de los escapistas, pero no se lamenta.
Recapita a la alma malhablada con champagne y fresas salvajes.
[my memory still hurts]
[but I can not say wheter is you, or you]
[...the other in me]
[inside the word]
[inside]
[next to you]
[a un lado]
[fuera de mi]
[y tú…]
Halos de piel y seducción entretejidos, volubles, trasvasables; la fugacidad de su nombre errado al roce intempestuoso del más firme de sus pétalos contra el temblor de mis noches.
[precipitarme en el tropiezo, tropezar y dejarme caer]
[regresa a mi; ella… y la otra ella que hay en mi]

Cuando acabes por drenarte, déjate ahogar.

No desperdiciar el juego de las pasiones, intensifica el extremo del que la muerte pende y con el que esta se contenta.
[ámbar gótico de un beso erigido en las bocas infusas de una cópula que no ha sido]
[el arquitecto de tal graciosa deidad se ha suicidado]
Aquí, el intrincado diseño conviértese en un aparejo que, a los manjares de un queteduermo de músicas sordas, el murmullo de un quienteduerme te hace parpacodear para que no respires… y tampoco te ahogues.

Standarupatea que lo que kilos será de será por ser lo que jamás nunca pero de los nunca jamases bajo ninguna opción sobre ninguna posibilidad y todas toditas todolentas y teodoras caben cupen pican y salivan como aguijón mojado en la miel boca de un remitente con tirabuzón siembrilla de tu corazoncita danzarina con bermejos pasos entre vestidos melocotones de una dulzura abierta y parpadeante sin apetito ni puntuación sígnica alguna habrá que puedas imaginar entre bombillas y bombachudas lunas hombreando, codo menguante, machonas mechones de orejas que murumutean… apodado en el surco del dolor vive en la penumbra de un gusano o un centavo escarabajo, escarba arriba, es cara bacio, querida beso rostro... algo más bello que la risa de una mujer esa a esa mujer riendo… la cancioncita de un recuerdo… que no soy arbolito de corcho, digo rata rata o gagueísmo. teñú songonolienza et´ún cardinal pañuelo amor… pececitos con pito no mojan la cama… buo búho buostezo juego ton ton ton torrón videncia papalera en mayor rodando rodán ramona interrogación sientetícese y rode… así murmurutaba el abominable niño´e las paredes, hombrecito mezcla de tejón jetoncito y zorro capacible de recorrer largas distancias despantalofonado en persecución de dos pájaros barbudos y una pequeña niña mariposa.
Cada quien con su propia abominación, en las lenguas que mejor le vistan a su color…
[estabas ahí, pero... ¿dónde estaba mi sonrisa?]
These image of love that has only your name.
[como decir que nunca soplará en sus pétalos el rocío, el aliento de un amante; que nunca le han de hacer el amor inesperadamente... y con amor]
Reamanecer en...
Un cuento que se esgrime cuando hubo un había una vez…
-Me hambre mucho el seno de tus ojos, las leches de tu boca, la piel de tus jugos. Atame a nuditos para que me acuerde; licántropo de los hachazos asidos en mi lomo. Caperucita...-
[broken flower]
Para no lastimarte húndome contra las piedras de mis partes blandas.
[but I can help hurt you anyway; I can not protect you from myself… go away… please… run!...]
[why you stay?]
[why you kiss me with a smile?]
[forgive me…]

Errante puñalero, pañalero, tobillito ancho, pasito chueco... de lobas estepas, se alza, se aferra, se retrae, se impulsa y se yergue con el madmoiseilleismo de las magdalenas, las violetas y las remembranzas paquidérmicas de los noolvidos.
-Te desderezo, te descerezo… te tamo…-
[green grass kiss es un gran ósculo con pesto]
-…sí; podría matarte prensando tu garganta hasta romperla como un pétalo crocante... eso... o una frasecita fresa...-
Sabemos que una hoja y el mar no dejan cuenta en costura pendiente. Tampoco es que se suspenden o caen... palpitan.
Por eso quiero un rompecabezas de dios; para poder romper la última pieza.
[podrás decir que soy un demonio escribiendo, tan sólo porque pensamos lo mismo]

Amor cerda perro cepillada de diablo y el circulito consternado que se revuelve patito hepático y nervioso por al caída de cabello.
No busques razones para no entender. Busca tus razones para explicarte. Sólo entonces si no entiendes, estará bien...
Peor que ir de la mano con alguien por la mente de uno, es ir uno perdido dentro de su mente.
[el desorden que tu razón padece, tu corazón lo cura]

[la biblie du sepuku]
Scarecrow, fear away these fears of mine... comen las flores de los niños no nacidos.
Camuesa, camarada de hogueras y dedales; los dedos de mi sangre y mi sangre... arómanse en un coito de tabaco y hierro.
Romance.
Que la mortalidad se rinda dulce en el tibio pecho de tu boca de lengua humedecido, con mi penacho entre tus dientes de lágrimas carnosas.
Cual terrón con manojos de ojitos en la fruta... abrazar tus sabores.
[la vida es un compendio de restos de los ahoras]
La miel y la ceniza se esculpen borrachas la una a la otra, salivándose con sus virtudes, hubiesen sido más carneras que diablos… y simplemente se padecen como la mordaza de una orgía.
Gozan.
Se lamen hasta rebanarse enterradas desde el vientre.
Ninguna se atreve…
Ejercita el soplo de tus caprichos conmigo, antes que sobrevenga lo que el amor llama por nuestros nombres.
[y se despida en una última función de la piel]
[he stops the world and cry]
…can you blame her?.
Y abrió su sonrisa de lado a lado, desde una comisura por el borde del labio inferior, hasta la otra. Nunca su lengua supo tanto a un poema… la sangre abrazaba su mentón rodeándole; se derramaba sobre sí mismo.
El día acaba literalmente con la crudeza de los sexos y, nace en un minuto, un minuto como un muérdago de fuego como un labio sin censura al contacto de un tibio y único copo de primitivo invierno; tegumento desnudo con el cual pintar los hilos de tus heridas para disimularlos en mis manos de cenizas hundidas en la miel de mi propio vientre.
Con el rostro enrojecido, brindaré por lo que ignoras e intuyes sobre lo que no sé que sabes y comprendes, permitiendo haga de mi vida, mi vida tu presente… tu espantapájaros.
[para entonces no habrá nombre por el cual llamarlo]
[no habrá niños]
Y llorarán las flores hambrientas.
[la aberración de una mordida adaptable a la gangrena que más efectiva, apague al apetito de sus sonrisas]

despertar con la noticia de muerte… que se torne parte de la mía… recordarte la última vez en un vagón de tren y saberte madre de una niña… creer que es broma y no… desplomarme como un capullo que hace de su florecer una contracción que licua los latidos por la boca del estómago… y recordar el puente; el temor de la herencia con guadaña… tu miedo… tu niña…
la carta, sabes, tal vez no la recuerdes; nunca llegaste a tenerla… fue escrita durante un renacer, no viene a mi memoria cuál… el remitente es un sello críptico en el que se encierra tu nombre… se suponía que fueses tu la llave que lo abriese, pero… ahora y entonces… esto… haré el ritual lo mejor que pueda para que aquí te quedes cada vez que alguien te lea, te circunde; te viva… abriré la carta por uno de los lados; la cortaré despacio pero con la suficiente fuerza para que las lenguas del papiro crepiten apaciguándose en la sangre… acabo de transitar por tus poemas mientras deslizaba las hojas cuidadosamente plegadas… en unas -como si lo hubiese presagiado- yacen los días que leeré para mis adentros… poemas que de ti, por ti… tonto de mi nunca te hice llegar… en la última de las hojas…
te la leeré…
hace ocho años y con licencias para cuidarte hasta de mi mismo…


[Querida dama de cristal,
De todos a los que se los he dicho, creo es este el más elocuente.
Bienvenida. ¿Te sorprende?. También a mi, pero me alegra. Esa es la sonrisa que lo inesperado nos brinda con asombro y, verifica que no estaba equivocado; hoy también es tu cumpleaños.
Sé que dificulta las presencias el hecho de que las fechas de ambos estén tan próximas, sin embargo espero que estés leyendo este pedacito de presente; caso contrario, que seas tu el regalo de tus afectos, amistades y conocidos. Es posible que te sigas sonriendo, lo que es una reacción natural y espontánea; de acuerdo no pondré el asunto bajo el microscopio. La risa es risa desde que la inventaron los serios pensando que con ello recocerían a los insensatos y mentirosos; pero ya ves. La risa es risa desde que nace un beso en una mejilla o cae una tonada amorosa en el oído de una primavera cualquiera sea la estación, cualquiera sea el destino al que su corazón eligió hallarse.
Difícil es asociar a la mujer que eres, con la joven de escuela secundaria. Diría que eres la misma, pero eso restaría mérito propio a tí, a tus experiencias, a que eres hermosa al eje del vórtice de lo irreconocible; mirarte y enrojecer como cuando tenía trece años…
Esto quiero compartir y festejar; el cambio. El mío y el de los demás. El que en mi cada uno de ustedes ha producido… y el que te toca a ti en particular.
De este hombre, acepta las gracias.
Para concluir he aquí un humilde asombro que guardaba para una ocasión como esta. Los senderos de un no tan extenso recorrido de jardines y poemas que espero disfrutes.
Por lo pronto nada más.
Gracias por venir y, si no pudiste estar hoy aquí; gracias por estar en mis sentidos… más allá de ellos.
Besos.]

leerte ahora que una noche, la misma noche te llevó en un interrumpido parpadeo y sueño, detienen las pasiones, reviven… quiero creer… sé que no eres un fantasma… aunque la niña lloré mordiendo flores y devorando lágrimas… que no le duela… que no te duela el que sienta tu ausencia… que sabe no eres un fantasma… que no temas por su herencia… que lleva en ella de ti lo mejor… que no eres la única que nos recuerda… que habrá días en los que llegue el día… y nos abriguemos en el otro… nos veremos de nuevo.
y entonces pueda hacer mano de tus manos; para darte los poemas…


Regordetas caerán las gotas en las saciadas hambres de un amor roto; y del que un amor ha nacido.
[la lengua que mejor se adapte a la profundidad de la herida]

Poesita;
Hace seis infiernos que nos habemos perdido mientras busco joven calabaza con negro corazón sandía bordado con gotitas a tono, pero que sé no la estoy buscando.
Tengo la esperanza de una boca flor que pide arado y pide dame.
En todo lo demás, tenías razón. Sí; en lo que estabas equivocada también.

Te pozo para que no creas que desquererte te entre pañuelos y rellenos de ti germinados, de ti en terrazas y suspendidos en mis arenas, despacio harás que mi nariz te bese la cachete de tu caricia mejilla, el miedo de desterrarse para sentirse parte de todo; todo lo que eres y fuiste que no serás en mi.
Al paso de los dedos de mis manos, iré.
Poesita, dormilonente almohadiablesa, cuida de él, pero no te apresures. Déjalo ahí con sus pasiones de sueños sandías en las preguntas que recorren su hombro con el cosmos del que no es su ombligo… que duerma.
Cuando desperezarse tenga qué -como todo corazón- entonces por sí solo florecerá.


…y/o en el sueño de alguna calabaza damicela.

19.1.08

*

Sorbevivirás a panopla de sentires cuajaditos, cuadraditos, esmaltados… mas nunca con esos últimos tres puntos suspensativos… a menos que vivas como respiran las sombrillas sol adentro, sol afuera.
Supo cómo no pedirle que la mantuviese despierta durante tres meses corridos, y creó para su deleite, una criatura capaz de cantar como el mismísimo diablo, cosa que a este último le hacía ninguna gracia a la hora de la ducha.
[mudedicia; en su boca el cristo]
Y así, le escuchó narrar su historia tantas veces que, ninguna de ellas fue igual a la anterior…
[walking the blues]
I deeply fell in love three times in my whole life.
Two of those three times, of the same woman...
[maninabox]
-¿Qués una manina bocs?…- interruptiblemente cuestionaba y… -¡Otra!...-
Inaudible, un amor que se supo hacer sin el atisbo de celos quedose sin dos amantes. Mordido, se desguasa a improperios por propia voluntad contra sus captores; los mismos que le dejaron libre… a quienes pueden sentirse enjaulados y sofocados de aire ante tanto amor y libertad.
Por mucho que grite e intentes calmarlo, no te oirá.
¿Cómo expresas aquello que voz no tiene?. ¿Con qué matiz?.
…¿de qué color es el dolor?.
[concebir la hermosura que pocos imaginan donde muchos creen que no la hay]
-¡Color almendra de mazapán!, ¿Y quién se comió al amor al final?...- una hermosura… -¡Otra!...-
Cálida venía andando. Tan dócil, tan modosita, tan… Siete centímetros de taco aguja y ni un dedo sobre el suelo.
Se deslizaba.
[silla de ruedas; muletita de no uses al corazón]
-¿El corazón se va a poner bien?, ¿Se reff-di ó como yo la semana pasada?... ¿Andaba en patines?...- y antes de que puedas adiestrarte en tiempo y form… -¡Otra!...-
Una vez una, una cara querida avecilla resolvió cordialemente expresarse bruticial (halagando suprarrepticia) a un albo diablo, alaridando homónimos tubérculos humanoides castañeándole sus castas pelambres que, no menos amenodazadas cun la sutilista gramática herbótica de hacerle querer estarlo cerca sin más motivos no ocultos que ele el que toda pajarita poesionada por apasiones sin aes edgardas, alega alga apichonada en un instante disto dito, pero bien, bien al ladito de uno, de sí o de sú, donde las palabras -contenedoras de lo no dicho- se encienden con su solo nombre embebido de velos, aferradas a un brazo sólo para sentirnos ahí, prendados a ella…
"Eeeeyyy.. Perdidoo .. Komo andaz pueee!! isto no puede faltar o zi? Tengo ke enkontrar maz palavras.. azi ai maz herrorez.. O orrorez?
Andes bien.. Y por las dudas.. Linda Navidad..!! =)
Puedo zeguir aziendolo?
Vezoteee!!"

[instintivamente la boca de cualquier interlocutor adopta la frescura inmadura de una contracción de título]
…terisco un mord de arrojo al diente azafranado.
[así tórnanse rojos los diablos albos tras recibir una vez una, la nota de amenaza de una cara querida avecilla indomesticable]
[indomasticable, indomasdigable, indomandrilcable, indoormástilcabe; do it cableman, drill in… monocarril hindú]
Aquí, se solicita repitancia y repique de escalas necesarias para subir de nuevo a la cama o, lo que es igual; palma peldaño bajo pie con empujoncito ayuda para levitar el culete hasta dar de narices sonrisantes a la almohada… la elementalancia del cuarto de baño.
-¡Habla como yo la nena esa!.- confirmaba reacomodándose dentro de las sábanas… -Parecida a mamá también, pero que mamá no escuche, no le digas… Casi me hago encima, papi, pero me aguanté hasta que entré al baño… después me lavé… Ya soy grande… pero la canilla del agua quedó abierta porque después que la abrí no pude cerrarla porque tenía las manos mojadas y me resbalaban…- debiera mencionar el autor que, el cuentista quedose dormido (encendido el sueño) a medio metro del hacerle querer estarlo cerca, despertando con la primera exclamación o repitancia de la criatura, paradita junto a él mientras cómodamente se hurgaba el ombligo, esperando el momento oportuno para periplopearle su nocturna travesía… -¡Otra!...-
…me educo para que tú te corrijas.

[el mar y la victoria]
Explicó una vez la luna el por qué de la abundancia de océanos a los ríos, remitiéndose a otra cosa, casi como quién habla de cacerolas para enseñar a hacer sombreros.
“Mar, dos puntos… Exceso por desenfreno de un pedacito de agua al que llamaremos gota, salvo, cuando esta se extraiga a sí misma de una comisura ojo. Entonces la llamaremos con pañuelo para consolarla, junto con la yema de un índice o pulgar (este último si es ajeno, tanto mejor para las fresas) al que se acercará para abrigarla (sobre todo los pulgares tienen buenas extremidades para estrechar a alguien en ellas por muy húmedo o mojado que ese alguien esté) con palabras como:
Triste… triste… triste estarás, dejándote estar en brazos tres veces tigres sueñen sillas y cipreses vicentes...
Recurrente se escurre, licua o cuela. De ahí se extrae a saltos la sal que se utiliza para la siembra de la cual florecerá la vida. Pero cuidado, la agua tambián paada anvananar... o ananar, no se sabe con claridad si lo hace por vía frutal o en latas de conserva edulcoradas.”
Así el río explicó la abundancia de los océanos a Victoria, quien alegre, se llevó con ella un pedacito de agua al que llamaremos gota.
Todo lo demás, es parte del recuerdo que el mar tuvo al hablar con el sol, sobre la única vez que vio llorar a la luna…
[gibraltar]
Shhh… con el juego de un hermano menor, menos malhumorado que habla de uno como si uno mismo se conociese, se quedó mirándola dormir como tres dedos así, marcando cuatro para asentar una edad innumerable al murmurar dormida… Soy grande… rememoró con qué sofisticada maniobra la hizo doler hasta dolerse él mismo… transitó en su memoria el murmullo de un miedo tontamente provocado; con justicia sentido; con amor desolado… y regresó a ese nudo que desde adentro estrangula su laringe, a esa voz que le vibra como un latido reseco, lento, pesado... un ser inacabado no alcanza a comprender la magnitud del desequilibrio que supone en alguien, el desgarro que abrir su mente supone; no considera lo bueno o malo con valoración, sino con equidad… sí comprende sin embargo que el arbitrio de la interpretación puede traicionar y oscurecer el alma hasta romper lo reparable; hasta hacer del silencio, distancia; del orgullo, miedo; de la rabia, olvido; del sufrimiento, gusto; del vacío, pérdida… de ti... -Mmm... mm…- La manecita abierta sobre la rodilla. En los adultos ojos de luna, movíanse hilitos de agua. Interrumpido por tan menuda gracia; encerrado, sin aire… se sintió libre. Despojado, se dejó perder. En un parpadeo de la niña se encontró a sí mismo, al otro lado de la cama, cantando como el mismísimo diablo, con una ternura que a él mismo le era inusitada… disfrutaba sin remordimientos.
De ti… amor.
Ya no se explicaría en los ascensos o partidas que acaban con el deseo; para eso hay ascensores o quienes gustan de partirse en pedazos.
Tantas veces narró su historia, que nunca ninguna fue idéntica a la anterior.
Eso lo sabía bien; sólo que era la primera vez que se escuchaba a sí mismo contándola.
Y si me contradigo no es para que comprendas; es sólo para confundir tu ignorancia… no sabe bien por qué se sonrío al confiarse esto. Algo es seguro -y esto es para el título en la boca de la tuya- no iba dirigido a la pequeña…
Sobremorirás a manoplas de sinsentires macerados, redonditos, naturales… mas siempre con esos últimos tres puntos suspensativos… a más que mueras como asfixian las bombillas noche fuera, noche dentro.