5.6.06

cuatro flores

Hela ahí; la mujer más hermosa de la tierra...
Largas medias renegridas de azul, soquetes blancos, floreadas chatas rosas sin flores y pies hinchados -la lluvia hace estragos en los pieses ondulados- de andar sin tiempo por las aguas de la vida.
Tortuga al cuello (¿tal vez galápagos?), celestino cordal de juegos y niños durmiendo al abrigo de un tibio sueño... saetas de papel y amapolas de hilo, tintas -lanzas- y las suyas dentro de mi piel.
Encendida de amaneceres fueguinos en su vestido mientras el sol, aún no nacido, alumbra sus bostezos, por entre sus rodillas cruzadas un aroma de moliendas e historia se filtra entre las gotas de una lluvia que cada quien lleva consigo...
Asomado de narices hasta el lunar en su flanco diestro y menguado por sobre la comisura de su labio superior, álzanse en sus mejillas los sabores de un mordisco virgen, desgranando migajas de botones de aire; su boquita arrugada, sonríe deleitada con cada sorbito de melancolía que se despeja en el cielo... esperanza.
(flotando, llévala entre cañas sobre su sacro, el pecho y nenúfares caoba)
Despierta y vislumbrada por encima de las claves de una danza con un pie roto, un alma quebrada, florecen de suyo dulcíferos tulipanes en derredor de su cintura enalteciéndola mientras desperezándose, su cabellera rubia, que alguna vez supo ser requiebro, es hoy pétalo de magnolias sujeto por la ceniza de una cárdena pluma... el rubí de una sangre divina.
El trajín de un libro que rescata en su portada el arte del vivir cada día un día nuevo.
Recoge su pilotín mandarino, acomoda su silla, las sillas de la mesa contigua, parece que va a salir, y no sale...
Quédase en un bosquecillo pobre en árboles, feble en hojas.
...toda ella es el misterio de un jardín por la mañana.
Y aquí sentado, descansado en el remanso de estos vértigos, descubro cómo nos invita a dar un paseo en su compañía...
para recorrerla sólo hay que cuidar y respetar su naturaleza.
(¿quisieras conocerla?)
(somos seres perfectibles de tropiezos)
(no tienes que entender si no entiendes)
(¿aún así quisieras conocerla?)
A una mujer que huele a rocíos, llámala entre los bosques; al hallarte, celebrará su alegría con los árboles.
A una mujer ausente, llámala en silencio con el corazón, por su nombre y el de su corazón; y sabrás que en silencio responderá con su presencia.
A una mujer en sus abriles, préñala de atención y cariños, que toda ella es un presente; se paciente y merécela envolviéndote en sus ojos.
(¿quisieras conocerlas?)
A toda mujer; quiérela sin remordimientos, ámala en secreto; y confíaselo sólo a aquella que el secreto te guarde...
Cual noche de un millar de ojos, te lo diré con magias... no hay trucos.
Este misterio procurará para ti la naturaleza de un universo que se originó con cuatro flores.
¿Quisieras hacer el intento?.

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